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Por qué las ciudades inteligentes son ciudades más eficientes

por Azahara 1/Feb/2018

El concepto de las ciudades inteligentes es algo que ya lleva tiempo entre nosotros pero que, aún así, sigue en auge. Las grandes ciudades cada vez requieren más soluciones que contribuyan a una gestión eficiente real y que aporte valor al ciudadano.

Una ciudad es inteligente cuando activamente se trabaja en solucionar las dificultades a las que se pueda enfrentar el ciudadano en sentido amplio – desde la contaminación, hasta la gestión del tráfico, o la recolección de impuestos- a través de la implantación de sistemas que en su mayoría se basan en la información recolectada por sensores distribuidos por toda la ciudad. Teniendo soluciones basadas en dicha información real, se puede entender por qué las smart city funcionan mejor.

Hoy vamos a analizar cómo se traduce esta eficiencia de las ciudades inteligentes en beneficios más específicos, como el ahorro de energía, la reducción del impacto medioambiental y la mayor conectividad.

En el propio concepto de ciudad inteligente va incluida la eficiencia como una piedra angular. Charbel Aoun, vicepresidente senior de Smart Cities, la define como “una comunidad que es eficiente, habitable y sostenible”. Cualquier ciudad que quiera ser más inteligente debe potenciar estas tres cualidades, orientadas a un beneficio para el ciudadano y el medio ambiente.

Esta eficiencia se tiene que ver reflejada en las redes eléctricas, en los sistemas de distribución de gas y de agua, en la gestión de los residuos, el transporte público y privado, etcétera. Estos son todos elementos de la columna vertebral que forman las ciudades inteligentes.

Ahorro de energía

El ahorro de energía es una de esas ventajas que surgen de la eficiencia que propugnan las ciudades inteligentes. En un contexto de crisis económica, esto parece aún más necesario todavía. Este ahorro depende de la innovación en la tecnología y también de los hábitos de uso de las personas, por lo que hay que ofrecerles herramientas para que ellos se adapten.

Dentro de las ciudades inteligentes se encuentran las redes eléctricas inteligentes (smartgrids, como se las conoce en inglés). Lo que permiten estas redes es adaptarse a las necesidades del usuario, ofreciendo un sistema energético sostenible y eficiente, con bajas pérdidas y altos niveles de calidad.

Las redes inteligentes tienen la capacidad de recibir información en tiempo real, que es otra de las características que tiene una smart city en general, lo que ayuda a trabajar de forma más eficaz y adaptarse a las necesidades al momento, sin esperar a recibir informes que tardan días en llegar.

Uno de los ejemplos de este ahorro energético se encuentra en nuestro mismo país, en la ciudad de Málaga. En el proyecto de Smart City Málaga se introdujeron las últimas tecnologías de control remoto, digitalización y automatización de la red. Esto consiguió que el consumo eléctrico se viera reducido en un 25%, además de otros logros, como la disminución de las emisiones de CO2.

Reducción del impacto

Si antes comentábamos el contexto de la crisis económica, no podemos tampoco olvidarnos de la importancia de la preocupación por el medio ambiente y de la peligrosidad del cambio climático. Las Smart Cities también trabajan en este aspecto y busca reducir el impacto que tiene nuestra actividad sobre el resto del planeta.

La reducción del impacto humano se consigue a través de varias formas en las ciudades inteligentes. Por ejemplo, la gestión más eficiente del sistema de tráfico de la ciudad puede ayudar a tener una menor cantidad de emisión de gases contaminantes.

En Utah se ha instalado una serie de sensores, cámaras, señales y estaciones de tráfico, para ajustar el tiempo de los semáforos. Algo que parece tan sencillo y que no puede tener un impacto demasiado grande ha conseguido que una disminución notable del gasto de combustible y de emisión de CO2, además de una gestión más eficiente, rápida y segura del tráfico.

ciudades inteligentes

No sólo en el tráfico se logra este propósito. En Estocolmo, el 75% de los residuos domésticos se reutilizan para la calefacción y ese cuarto restante se recicla. Los paneles solares asumen la mitad del gasto del agua caliente y el agua residual se destina a la creación del biogás, que es el combustible del transporte público. Así, han conseguido reducir la emisión de CO2 en un 25%.

Mayor conectividad

Durante todas estas líneas, estamos haciendo mucho hincapié en el concepto de sistema. Por definición, un sistema es un conjunto de elementos que están interconectados entre sí. Esa conexión es otra de las características de las ciudades inteligentes que hace que sean más eficientes.

Al fin y al cabo, una ciudad inteligente es un sistema tremendamente complejo en el que todo está interconectado. Los miles de sensores instalados a lo largo de la geografía proporcionan una gran cantidad de información de diferentes orígenes (sistema eléctrico, tráfico, gestión de residuos…) que, analizado todo en conjunto, ofrece nueva información.

Para la gestión de toda esta información se necesitan aplicaciones como Urbo, que permiten mostrar los datos de una forma visual. Así se consigue una mayor eficacia a la hora de encontrar problemas latentes y buscar las mejores soluciones.

A nivel de usuario de a pie, esta conectividad le permite, por ejemplo, acudir a un evento de grandes multitudes como un partido de fútbol o un concierto y conocer en tiempo real cuál es la disponibilidad de los sitios de aparcamiento, y, además, conocer el estado del tráfico para llegar al lugar gracias a los sensores colocados en las carreteras.

Todas estas facilidades dependen de tener una buena conexión a Internet, por lo que las ciudades también tienen que preocuparse de crear grandes redes. Empresas tan importantes como Facebook son conscientes de la importancia de esto y colaboran con ciudades como San José en Seattle para aumentar la red de acceso a Internet en zonas más desfavorecidas.

Este repaso de las virtudes de las ciudades inteligentes pretende destacar principalmente la importancia de la eficiencia y la repercusión que tiene en aspectos tan diversos de la vida diaria, como el ahorro energético o la ayuda a la descongestión del tráfico.

En un contexto de crisis económica y medioambiental resulta incluso más necesario reforzar la importancia de la apuesta por las ciudades inteligentes, que sólo buscan mejorar muchos aspectos de nuestras vidas, haciéndolo todo de una manera más eficiente. Aquí en España, es la Red Española la que se encarga de gestión automática y eficiente de las infraestructuras y los servicios urbanos.

TAGSeficienciasmartsostenibilidad

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